martes, 21 de septiembre de 2010

Sobre la pena de muerte

Pienso luego existo, decía Descartes al mismo tiempo que descuartizaba un animal, mostraba sus vísceras y decía que eran mangueras de una máquina, los animales para él eran mecanismos cómo los relojes o los telescopios.  Así, como él despojaba a los animales del mundo de la vida para convertirlos en máquinas de acuerdo a si percepción. Hoy despojamos con tanta facilidad de su condición de humanos a todos aquellos a los que nos da la gana hacerlo: los narcos, los delincuentes, los secuestradoes. Lo hacemos para que no quede duda que nosotros somo impolutos, prístinos, humanos. Ellos no lo son, son ratas, inmundas, no merecen nada, si acaso morir para pensar que "una vez muerto el perro se acabo la rabia". Pero una y otra vez surgen humanos que nos recuerdan que por más que los matemos, aparece uno nuevo. Y si alguien osa poner en debate este asunto, algunos pseudointelos haciendo gala de su conciencia de clase, apelan a Juan Pueblo, para decir que quienes no nos alegramos de la muerte de estos no-humanos, es porque fuimos educados en extranjía. Y claro no tendremos la sensibilidad de Juan Pueblo. Y claro Juan Pueblo siempre tiene razón como la tuvo durante la revolución cultural, y cuando linchan a todo aquél que delinca en sus tierras. En fin pienso luego existo, nuestra percepción marca nuestra manera de relacionarnos con el mundo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario