Cuenta don Chucho, el vigilante del fraccionamiento en dónde vivo actualmente, que antes de esta urbanización desenfrenada, Santa Ursula era un pueblo a las orillas de la ciudad de México. El llegó con su familia cuando era aún pequeño de algún barrio de Coyoacán. Cuenta que en la subida de la hoy calle de Convento y antes de llegar a Tlalcoligia no había camino pues las piedras volcánicas y lo escarpado del lugar no permitía la construcción de una calle. Y que en ese lugar por las noches casi nadie pasaba.
"Cuentan que al subir por aquella pendiente, una noche un hombre subía por aquella vereda, iba con algunas copas encima, al llegar a ese lugar encontró una casa en dónde música y mujeres lo invitaron a la juerga. Bebió y quizás hasta alguna chica lo llevo al paraíso del sexo. Salio de ahí quién sabe cómo. Al otro día, quiso continuar con la fiesta al llegar al sitio en dónde la noche anterior había tenido un noche de placer. No encontró nada. Al seguir buscando por el lugar se encontró con un lugareño el cuál le dijo que ahí no existía un lugar de fiesta, sexo y alcohol. Al continuar bucando encontró en el lugar dónde la noche anterior había festejado un nido de serpientes, todas ellas reptiles que se cuidaban unas a otras y se entrelazaban amorosamente entre ellas"
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